Dos inversiones pueden mostrar números parecidos y dar resultados muy distintos. La diferencia está en cómo se expresa cada tasa.
En resumen: la TNA (tasa nominal anual) es una tasa de referencia que no incluye la reinversión de intereses. La TEA (tasa efectiva anual) muestra lo que realmente ganás en un año si reinvertís. La rentabilidad total indica la ganancia acumulada en todo el plazo de una inversión. Para comparar opciones con plazos distintos, hay que llevarlas a la misma base: anual, efectiva y en la misma moneda.
Es la tasa que suelen publicar bancos y billeteras. Sirve para calcular cuánto pagás o cobrás en cada período, pero no refleja el efecto de reinvertir los intereses.
Ejemplo: un plazo fijo a 30 días con una TNA del 30% paga alrededor de 2,47% por mes. Si al vencer retirás los intereses, tu ganancia anual queda cerca del 30%.
La TEA incorpora la capitalización: los intereses de cada período se suman al capital y generan nuevos intereses. Siguiendo el ejemplo anterior, si renovás el plazo fijo cada mes con capital más intereses, esa TNA del 30% equivale a una TEA cercana al 34,5%.
Por eso, cuando compares dos instrumentos, la TEA es la medida justa: muestra lo que efectivamente te queda al cabo de un año.
5 chequeos antes de comparar dos inversiones
1. Misma moneda: una TEA alta en pesos puede ser negativa medida en dólares si hay devaluación.
2. Misma base de tiempo: llevá todo a tasa anual efectiva.
3. Proyectada o garantizada: una rentabilidad proyectada es una estimación basada en supuestos, no una promesa.
4. Cuando cobrás: una renta periódica te permite reinvertir antes que un pago único al final.
5. Costos e impuestos: compará siempre el rendimiento neto, no el bruto.
¿Qué diferencia hay entre TNA y TEA?
La TNA no considera la reinversión de intereses; la TEA sí. Por eso la TEA siempre es igual o mayor que la TNA.
¿Una rentabilidad proyectada está garantizada?
No. Es una estimación basada en un análisis de mercado. El resultado final puede ser mayor o menor.
Toda inversión conlleva riesgos. Rendimientos pasados o proyectados no aseguran rendimientos futuros.

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